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Hellenikon, de Luís Villalón Camacho |
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La novela comienza en el punto decisivo de la vida de Arimnesto, su encuentro con todo el ejército persa mientras vive en un olivo a la sombra del monte Olimpo. |
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“Por otro lado está el ser los helenos de una misma sangre y lengua, el tener comunes los templos y sacrificios de los dioses y semejantes las costumbres”. Esta cita de Herodoto no ha sido escogida al azar por Luís Villalón Camacho para abrir su primera novela. Muy al contrario, creo que resume a la perfección el espíritu de la obra. “Hellenikon” (Ediciones Evohé, disponible en FantasyTienda), título rotundo y sonoro que fue lo que primero me atrajo para leer este libro, viene a significar en palabras del propio autor algo así como “lo griego”, “la manera griega de vivir y hacer las cosas”, “el espíritu griego”. Y en efecto, este espíritu griego llena toda la novela, manifestándose a través de las palabras, pensamientos y acciones de los personajes que van apareciendo y desapareciendo de la escena.
Recomiendo su lectura a aquellos a los que les guste el mundo clásico griego y las historias que hablan de personas más que de hechos históricos concretos.
Arimnesto, un joven hoplita que deserta del ejército espartano para buscar su propio destino, es el hilo conductor de la historia. Su búsqueda dará pie al autor para abrirnos las puertas del mundo griego en una época de gran interés, entre los años que van desde la recién nacida democracia ateniense hasta la caída de Platea durante la Segunda Guerra del Peloponeso, en un lapso de tiempo que abarca en total unos 80 años, aunque la historia principal se desarrolla entre los años 506 a.C. y 464 a.C. (42 años). Asistimos, por tanto, a algunos de los momentos cumbres de la historia de Grecia: batallas como Maratón, Platea, las Termópilas o Salamina. Pero no es esta una novela de batallas, ni mucho menos. Quien busque grandes alardes bélicos y descripciones detalladas de las batallas deberá abstenerse de leerla. Por ejemplo, el episodio de las Termópilas se reduce a una simple noticia que recorre la aldea de Oenoe (“¡Termópilas ha caído! ¡Termópilas ha caído! ¡Los persas se aproximan!).
Ni siquiera es una novela sobre la historia griega, porque Villalón sabe acercarse a estos hechos históricos desde un punto de vista muy particular: el punto de vista de quienes participaron en ellos de grado o por la fuerza, y el modo en que esa participación influyó en sus vidas. En ese sentido, la novela es más bien “intrahistórica” a pesar de que la trama transcurre en un fondo histórico impecablemente reconstruido. Asistimos a las aventuras y desventuras de distintos personajes, nos acercamos a su relación con los poderes terrenales y divinos, a como algunas decisiones que tomamos pueden marcar completamente el resto de nuestras vidas, especialmente si estamos convencidos de que así será.
Los Dioses olímpicos adquieren una considerable importancia en esta obra, no porque sean personajes significados (en realidad no existe ninguna intervención divina en la novela, ¿o quizá sí?) sino por la importancia que les otorgan los personajes humanos de la historia. La relación de cada uno de estos con las divinidades es bien diferente y Villalón se sirve de ella para mostrarnos un mosaico bastante completo sobre los distintos modos en que los griegos de la época entendían esas relaciones y como se aceptaban las diferencias con absoluta naturalidad.
Pero vayamos al asunto, la trama de la novela, que es lo que probablemente le interesará saber al posible lector. El hilo conductor es el viaje de Arimnesto en busca de su destino. El joven hoplita espartano deserta del ejército de su polis durante una campaña “sacrílega” que supone además una grave disputa entre los dos reyes de Esparta, Demarato y Cleómenes. Arimnesto está convencido de que los dioses guían sus pasos y decide establecerse como agricultor en los terrenos del ateniense Cavílides, con quien entablará una sincera amistad durante el resto de su vida. Sin embargo, las vicisitudes políticas del momento le obligarán a tomar de nuevo las armas contra los persas, aunque tampoco este camino parece ser definitivamente el suyo. Arimnesto descubrirá su destino en las faldas del monte Olimpo, tras ser arrasado por el ejército persa al completo bajo el mando de Mardonio y guiadas por Demarato, el antiguo rey de Esparta, su rey.
Además de esta trama principal, otras historias nos permitirán adentrarnos en las disputas políticas en Esparta y Atenas y entre estas dos polis entre sí. Es interesante la figura de Cavílides, ateniense ya de una considerable edad, que habiendo conocido años atrás la tiranía de Pisístrato añora los viejos tiempos y reniega de la nueva democracia ateniense, aunque sin atreverse a decirlo en voz alta por miedo al castigo. Admira también a los persas, dominadores de medio mundo y no comprende la animadversión que sus conciudadanos muestran hacia ellos. A lo largo de la obra, Cavílides verá como todo su mundo de ideas se va derrumbado bajo el peso de los acontecimientos.
Me ha gustado el uso que hace el autor del tiempo. La novela comienza en el punto decisivo de la vida de Arimnesto, su encuentro con todo el ejército persa mientras vive en un olivo a la sombra del monte Olimpo. A raíz de ahí, la historia retrocede muchos años, hasta la campaña de Eleusis, donde deserta Arimnesto a la edad de 18 o 20 años, y ya continúa en orden cronológico hasta volver a enlazar más adelante con ese mismo episodio.
Mi impresión general de “Hellenikon” es muy positiva. Se lee muy bien, a pesar de los muchos términos griegos que aparecen y que uno debe buscar en el glosario al final del libro. Esto puede resultar algo incómodo al principio pero enseguida se familiariza uno con los términos más usados y le coge el tranquillo al procedimiento. Recomiendo su lectura a aquellos a los que les guste el mundo clásico griego y las historias que hablan de personas más que de hechos históricos concretos.
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